viernes, 18 de julio de 2008

La base de la Iglesia

La base de la Iglesia (y 4)

Jesús "fundó" una comunidad de base,
no una iglesia institucional

Mc 9, 38-41

38 Le dijo Juan:

- Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios invocando tu nombre y hemos intentado impedírselo, porque no nos seguía a nosotros.

39 Pero Jesús le replicó:

- No se lo impidáis, pues nadie que actúa con fuerza como si fuera yo mismo puede al momento maldecir de mí. 40 O sea, que quien no está contra nosotros está a favor nuestro. 41 Así pues, quien os dé a beber un vaso de agua por razón de que sois del Mesías, no quedará sin recompensa, os lo aseguro.


Lc 9, 49-50

49 Intervino Juan y dijo:

- Jefe, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y hemos intentado impedírselo, porque no te sigue junto con nosotros.

50 Jesús le repuso:

- Nada de impedir, pues el que no está contra vosotros está a favor vuestro.


Soy consciente de que lo que voy a escribir hoy no va a servir de mucho. Todos seguiremos actuando igual. Sin embargo, lo importante es no perder de vista la Utopía. Nos ayudará a madurar en la fe.

En el tema se ha invertido mucha tinta. Y el tema es: ¿el cristianismo es una religión? ¿Fundó Jesús una religión? ¿Qué diferencia hay entre una fe en Jesús y una religión cristiana? Añadan un sinfín de preguntas similares y ampliatorias.

Vaya por delante una comparación. La religión católica es a la fe en Jesús algo similar a lo que fue la Torá para el creyente israelita.

La Torá es un nombre hebreo que significa, en primer término ley. Después pasa a significar todas las leyes recogidas en el Pentateuco. Más tarde, Torá es todo el Pentateuco. Y finalmente se convierte en un sinónimo del Antiguo Testamento judío.

Es decir la fe en Yahvé se convierte, poco a poco, en la religión israelita que encuentra su piedra angular en “la palabra” de Yahvé. La palabra de Yahvé escrita en las tablas.

En principio eran diez las palabras de Yahvé. Y aunque se resumían en dos, se multiplicaron con el tiempo, creando una complicada y muy estructurada religión.

Las diez palabras fueron inicialmente como las fronteras que no podían ser traspasadas si no querían volver a la animalidad irracional. Para ser un pueblo desarrollado Israel no podía mentir, ni matar, ni robarle la mujer al vecino; tenía que respetar a sus padres. Y para ser racional y pertenecer al pueblo de Israel tenía que respetar y amar como único Dios a Yahvé, y al prójimo como si fuera uno mismo.

Con esas palabras de Yahvé, el paso hacia adelante que daba el hombre era impresionante.

Los teólogos y juristas de Israel cogieron “las palabras” de Yahvé y fueron interpretando y añadiendo hasta formular 613 leyes, que una vez estudiadas, interpretadas, acopladas a las circunstancias fueron creciendo y multiplicándose en escuelas según las tendencias de los diferentes maestros, hasta ahogar la fe en Yahvé y convertirla en religión insoportable, ridícula, hipócrita, esclavizante.

Habían elevado la ley a categoría divina de “salvadora”. Incluso esa Ley se identificó al mismo Dios.

Así llegó la Ley judía a ser una parálisis. Esa ley, que sacó al pueblo de la animalidad asilvestrada y de la esclavitud, se convirtió en muerte. La religión judía, la Torá, hundía cada vez más al pueblo. Hizo del pueblo de Israel un pueblo ciego, cojo, estéril, hipócrita, paralítico, materialista y soberbio.

“Antes de que llegara la fe, es decir, la adhesión a Jesús, estábamos custodiados por la ley, encerrados”

“Así la Ley era nuestra niñera, hasta que llegase el Mesías y fuésemos rehabilitados por la fe”.

“En cambio una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos a la niñera, pues por la adhesión al Mesías Jesús sois todos hijos de Dios”.

“Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia del esclavo, aunque es dueño de todo, lo tienen bajo tutores y curadores”.

“Igual nosotros, cuando éramos menores estábamos esclavizados por lo elemental del mundo (la Ley).”

Todo de Pablo en la carta a los Gálatas

Es gran cosa conseguir la libertad, la paz y la madurez para adherirse a Jesús sin necesitar niñeras. Sin niñera puedes cometer muchas tonterías, pero con niñera siempre serás un niño, sin madurez ni libertad.


Según los historiadores y estudiosos, la Palabra de Jesús florecía en grupos seguidores de Jesús, reunidos a modo de comunidades de base. Con dificultades, con errores, con mártires, con persecuciones, acusados incluso de ser ateos por no tener templos ni casas para sacerdotes. Creían en aquello de la levadura y de la sal.

Duró unos trescientos años. Tres siglos. Pero entonces dijo un tal Constantino: “Todo esto os daré si colaboráis conmigo”

Y de pronto, los obispos se convirtieron en señores, recibieron palacios, poder para influir en la marcha del Imperio. Se les concedió un Derecho eclesiástico. Crearon un funcionariado que no pagaba impuestos y gozaba de multitud de privilegios. Nació la nueva raza o clase social del clero.

Había nacido la religión cristiana y con ella la gloriosa Cristiandad, nacida del evangelio de Jesús, pero transformada en Derecho Canónico, y fuente de poder.

La religión se encargó de proteger, encauzar, controlar. La religión suplantó la adhesión personal y libre. Se puso en lugar de Jesús. Era la religión la que salvaba. Fuera de la religión no había salvación. Exactamente como hacen hoy los partidos políticos: actúan como una religión.

No luchemos contra la religión, pero escojamos seguir a Jesús. La religión hizo y hace el bien a la sociedad. Pero nunca podrá ponerse en el lugar de Jesús. Jesús está por encima de todas las religiones.


¿Viene a pelo esta anécdota?

Poco antes de que se lo llevaran de Córdoba a Málaga para morir, una amistad común a Juan Mateos y mía, lo sacó en coche por la sierra de Córdoba para dar un paseo. Mientras contemplaban el bello paisaje, esa amistad común le preguntó a Juan Mateos:

- Juan, si tú te hubieras secularizado, como han hecho tantos sacerdotes, y te quisieras casar ¿lo habrías hecho con el rito de la Iglesia?

Respondió Juan Mateos:

- ¡Líbreme Dios!

Confío en que todos los lectores conozcan la gigantesca figura de Juan Mateos, número uno en conocimientos del Nuevo Testamento en lengua hispana, de vida personal intachable.


Luís Alemán